Más de un millar de mujeres catalanas se fueron voluntarias al frente en 1936 (Artículo publicado por La Vanguardia)



Toda guerra necesita sus mártires y toda revolución, sus iconos. En la guerra civil española casi todas las historias tienen nombre masculino. Y sin embargo las mujeres estaban allí, en la retaguardia y en el frente, y como ellos sufrieron represión y exilio, pero sus vidas son anónimas. La historia también la contaron hasta hace bien poco los hombres y con una visión androcéntrica.
Les combatents (Ed. Rosa dels Vents), el libro que acaban de publicar Gonzalo Berger y Tània Balló, es un intento de dar voz a muchas de las milicianas antifascistas. Para entender este olvido hay que recordar que no fue hasta las elecciones generales de la República, de junio de 1931, cuando por primera vez las mujeres pudieron presentarse como candidatas. Y no fue hasta las generales de 1933 cuando se reconoció el sufragio femenino. El 14 de enero de 1934 Natividad Yarza, maestra, se convirtió en la primera alcaldesa del Estado al ganar las municipales de Bellprat (Anoia), en las listas de ERC.
Tània Balló y Gonzalo Berger rescatan dos iconos de este periodo: Lina Ódena y Marina Ginestà. Paulina Ódena García, cuyos padres regentaban una sastrería en Gràcia, había dejado la escuela a los doce años para trabajar en el negocio familiar. Con la llegada de la República y 20 años entra en el Partit Comunista. Poco después la Internacional Comunista la invita junto a otros cuatro militantes a cursar estudios en la Escuela Marxista-leninista de Moscú. A su regreso, consagrada como hábil oradora será secretaria general de las Joventuts Comunistes y el estallido de la guerra la sorprendió en Almería, en un congreso. Se unió a los combatientes y el 14 de septiembre de 1936 murió en el frente de Granada. Se convirtió en mártir y objeto de propaganda, pero aun así su figura apenas ha sido estudiada.
Un caso distinto es el de Marina Ginestà, hoy conocida por la fotografía en la que aparece vestida de miliciana con un fusil en la terraza del hotel Colón de Barcelona. Hija de un militante de UGT y de una cooperativista, cuando se produce el alzamiento militar tiene 17 años y es una de las atletas que está a punto de participar en la Olimpiada Popular. Se alistó voluntaria, pero la foto que la inmortalizó estuvo oculta en los archivos de Efe y no fue recuperada hasta el 2002. Marina trabajó primero como traductora de un agente soviético, enviado como corresponsal del Pravda , y más tarde en Valencia escribió crónicas de la guerra. Detenida al final de la contienda, escapó y se fue al exilio.

Marina Ginestà, vestida en miliciana y con fusil, en la terraza del hotel Colon de Barcelona, convertido en sede del PSUC, en julio de 1936
Juan Guzmán / EFE
El libro recoge biografías de mujeres que obtuvieron un mínimo reconocimiento, como la cenetista Libertad Ródenas, o tan anónimas como Pepita Laguarda Batet, que falleció en el frente de Aragón. Su familia conservaba una foto, donde se la informaba de su muerte. Detrás, una nota firmada por un tal Juan López Carvajal: “Con la presente recibe el más afectuoso saludo del que comparte contigo el dolor por una pérdida irreparable de un ser querido”. Era de su compañero sentimental. Habían salido juntos de Barcelona en la columna Ascaso, despedidos por una multitud en las calles. Él sobrevivió y más tarde explicó que no tenía intención de alistarse, pero al ver la decisión de Pepita, le dijo: “Si tú te vas, yo voy contigo”.

Grupos de milicianos anarquistas encuadrados en la F.A.I ante una serie de vehiculos blindados, preparados para partir hacia el fente
Terceros
El libro se cierra con los nombres de las 1.195 combatientes antifascistas organizadas en Catalunya que han podido documentar. Son 360 afiliadas al PSUC, 424 de la CNT, 119 del POUM, 64 de ERC, 48 de Estat Català... Las mujeres del PSUC llegaron a crear un batallón exclusivamente femenino y el 16 de agosto salieron en barco hacia Mallorca. La expedición fue un fracaso. Amalia Lobato Rosique fue la primera en caer el día 23 y sus restos reposan en el cementerio de Ciutadella. A principios de octubre de 1936, el propio PSUC corta el acceso a las mujeres a las unidades de combate y decide que su actividad estará en la retaguardia. El dirigente de la CNT Antonio Ortiz también decidió expulsar a las mujeres de la columna Durruti y además les culpó de las enfermedades venéreas detectadas. Pese al decreto de militarización, muchas se negaron a abandonar y siguieron en el frente.
Les combatents se cierra con la investigación sobre cinco catalanas fusiladas en Mallorca en septiembre de 1936. Un oscuro episodio del que apenas se conocía una foto de las cinco y la acusación franquista de que eran prostitutas desembarcadas para satisfacer a los milicianos. Los autores han descubierto que una de ellas, Maria García, aparece en la portada de la revista Life cuando partía el batallón femenino hacia la isla. Las otras cuatro salen en una foto de Robert Capa del mismo día. Todas eran milicianas voluntarias.